Me llaman Chofy desde chica. Soy Sofía, y ese apodo me acompañó toda la vida — igual que las ganas de hacer algo propio, algo con mis manos, algo que valga la pena.

Siempre me llamó la atención cómo estaba hecha una cartera. Los moldes, las costuras, los herrajes. Me parecía difícil, casi imposible. Hasta que un día apareció un workshop de marroquinería artesanal y me anoté sin pensarlo demasiado.

En ese momento trabajaba de noche. Salía a las 6 de la mañana, llegaba a casa, y en lugar de dormir me iba a Capital a aprender. Cansada, pero con una energía que no sabía de dónde venía. Mi primera cartera la cosí a mano. Fue imperfecta y fue hermosa. Llegaba a casa con los ojos brillando.

De a poco fui comprándome las herramientas. Vi tutoriales, me equivoqué, aprendí. Mi marido me regalo la máquina industrial que yo tanto quería. Con eso le meti ficha de verdad.

Hoy tengo mi taller. Diseño los moldes, elijo los materiales, trabajo el cuero, controlo cada detalle. Hago todo yo — desde el primer corte hasta el despacho. Se me pasa volando el tiempo cuando trabajo. Y eso, para mí, lo dice todo.

El nombre Chofilina nació de ese apodo de la infancia. Y la O del logo lleva un corazón, porque esta marca está hecha desde ahí — desde querer hacer bien las cosas, desde ponerme en el lugar de quien compra, desde creer que un accesorio hecho con amor se siente diferente.

No soy una fábrica. No revendo. No importo. Soy una mujer que aprendió sola, que ama lo que hace, y que pone su corazón en cada pieza que sale de su taller.

Bienvenida a Chofilina. Me alegra que estés acá.